Marisol es encantadora, tan alegre como pocas personas. Es lindo verla sonreír y hablar mientras mueve las manos. Es curioso decirlo, y tal vez no debiera, pero empiezo a sentirle la niña traviesa que ella intenta esconder detrás de poses de señorita bien. Ahora se le nota mucho más que antes. Sin exagerar, soy el primero en conocerla así, tanto como a mí mismo. Una de las cosas que hace y que más me gusta, es cuando juega a llenarme de besos y cuando dice que se le antoja morderme los labios. Me gusta también cuando, por momentos, se le desata la loquita que lleva oculta.